3ª MORADA

LA HUMILDAD, EL PROPIO CONOCIMIENTO Y EL CONOCER A DIOS, LA ORACIÓN

 

En la tercera morada,  el alma ya se siente más fuerte, conoce más de Dios,  pero aun no ha desarrollado las virtudes.

 

En esta morada, somos  todo entusiasmo, deseamos que todos conozcan esta maravilla que empezamos a conocer nosotros. Nos entra  afán de que todos los que están a nuestro alrededor se conviertan. Podemos caer en la tentación de creer que somos santos ya. Y que por serlo, somos mejores que los demás y que por esto, está Dios obligado con nosotros. Podemos caer en ésta tentación y en otras como, dirigir a Dios y diseñarlo a Él  de acuerdo con lo que imaginamos de Dios.

 

LA HUMILDAD es fundamental en este camino hacia la gran meta de la vida que es EL CORAZÓN DE JESÚS. No hay tesoro más grande. Vivir en el Corazón de Jesús es la plenitud, pero no es por acto de magia, la vida espiritual, como hemos dicho, requiere trabajo y éste trabajo está fundamentado en LA ORACIÓN Y EL CRECIMIENTO EN LAS VIRTUDES, que nos llevan  a SER, realmente, NOSOTROS MISMOS, creados ÚNICOS E IRREPETIBLES por Dios nuestro Creador.

 

NO NOS HACEMOS SANTOS DE LA NOCHE A LA MAÑANA, NOS HACEMOS SANTOS, DE LA MAÑANA A LA NOCHE. Viviendo en permanente vigilancia de nuestro actuar, de nuestro crecimiento en las virtudes.

 

EL PROPIO CONOCIMIENTO

 

-Para avanzar en este camino espiritual, es necesario entender que es fundamental conocernos a nosotros mismos. No se trata de un conocimiento aislado y sin contexto. Es ahondar en nosotros mismos en búsqueda de la Verdad, que es Dios. Es un ejercicio permanente, necesario durante toda la vida.

 

-Es mantener el interés de nuestro propio conocimiento a la LUZ DEL EVANGELIO, pues éste nos   permite conocer a Dios y por la búsqueda de Dios, nos encontramos a nosotros mismos  ya que somos creados a Imagen y Semejanza Divinos.

 

-Conocemos a Dios por su palabra y  por medio de ésta, podemos crecer en las virtudes,  abandonando lo que nos separa de Dios y desarrollando lo que nos aproxima a Él.

 

-Para poder continuar el avance en ese crecimiento espiritual que nos da la verdadera libertad y la verdadera felicidad,  es necesario conocernos con HUMILDAD, siendo conscientes de nuestra belleza y dignidad de hijos de Dios creados a su imagen y semejanza,  capaces de Dios, pero también conociendo nuestra debilidad y nuestra humana limitación.

 

-Santa teresa habla de la HUMILDAD como el bálsamo con el que Dios nos restaura, nos sana, rescatando la imagen y semejanza suyos en nosotros mismos.

 

-Solos no podemos, Dios hace la mayor parte de éste trabajo, pero nosotros tenemos que DISPONERNOS Y DETERMINARNOS, para permitirle al Señor, ser nuestro Señor.

 

Lo que buscamos en nuestro Interior, es a Dios que habita en nosotros. Esa es la meta, hallarlo  a El en nosotros, ser una Morada digna del Rey del Universo.