NIVELES DE ORACIÓN

SANTA TERESA DE JESÚS

ORAR ES HABLAR EN AMISTAD CON AQUEL QUE SABEMOS QUE NOS AMA

 

STA. TERESA DE JESÚS

ORACIÓN VOCAL

 

Son las oraciones que recitamos. Son necesarias para encender el fervor interior. Se deben hacer con los labios pero de todo corazón, teniendo siempre presente que estamos hablando a Dios, rey del Universo. La oración vocal no se puede omitir nunca. La pereza de hacer la oración vocal, es mal síntoma de nuestra vida espiritual .

 

ORACIÓN DE MEDITACIÓN

 

Es la profundización razonada de las verdades inspiradas en la Sagrada Escritura, en los escritos de los santos y autores espirituales o en la belleza y perfección de la creación.  Esta meditación se enfoca a hacer una lectura ordenada comparando lo que meditamos con nuestra propia realidad y nos debe impulsar a acercarnos más a nuestro Amado Señor.

 

ORACIÓN AFECTIVA

 

Es la que vamos alcanzando poco a poco, por medio de la frecuencia y perseverancia en el orar. Nuestro corazón se va inundando del amor de Dios. Va surgiendo la necesidad de trabajar las virtudes para hacer nuestro comportamiento cada vez mas grato a los ojos de Dios.

 

ORACIÓN DE SIMPLICIDAD

 

Es la que nos es inspirada a la vista o recuerdo de las Imágenes Divinas, con la debida reverencia y adoración.

 

RECOGIMIENTO INFUSO

 

El alma se dispone más  y más a la acción de la Gracia de Dios en su vida. La confianza en Dios y el abandono a su Santa Voluntad crecen. Se inicia la oración que es dada por Dios y que puede llamarse Sobrenatural.

 

ORACIÓN DE QUIETUD

 

Se está mas consciente de la presencia permanente de Dios en nuestra vida, en todo y en todos.  Los efectos de la vida vivida en presencia de Dios se hacen manifiestos en la persona. El amor de Dios desborda el alma en un abrazo fraterno y profundo.

 

ORACIÓN DE UNIÓN ESTÁTICA Y LA TRANSFORMACIÓN

 

La unión íntima del alma con Dios es de tal intensidad que el cuerpo físico se entrega totalmente y viene  el éxtasis. La vida continúa con sus temas naturales y temporales, pero la realidad del amor infinito de Dios y la certeza de la Morada Eterna que El Señor nos tiene preparada a cada uno, en su santo Cielo, se convierte en la fuerza que nos impulsa a continuar en el camino, felices y plenos,  tomados de la mano de nuestro Amado Jesús hacia la Patria Celestial.